miércoles, 25 de abril de 2007

4.- Llegada

De repente el hombre notó como todo a sus pies se movía.Más bien fué su estomago el que lo notó.
-¿Porqué me elegisteis a mí?-preguntó al aire.
-Porque no eres un verdadero asesino- Se oyó tras varias horas sin respuesta.
-Tú no tienes lo que hay que tener para serlo, pero las circunstancias te han obligado. Para situaciones como la nuestra eres el tipo de asesino más eficiente.-Se oyó desde abajo esta vez.
Las voces que antes venían de todos lados ahora venían de puntos cada vez más concretos.
-No soy un asesino!!-gritó golpeando con fuerza lo que debería ser el suelo.
-¿Tratas de convencernos a nosotros o a ti mismo?-Sentenció la primera voz.
Un montón de carcajadas resonaron de todos lados.
-Silencio todos,ya está llegando y tú mi pequeño asesino, más te vale cerrar los ojos si no quieres quedarte ciego-
Hizo caso sin chistar, estaba en un lugar que no conocía , que al parecer no se regía por las mismas leyes que su mundo, rodeado por seres que sólo hacían más que retorcerle la herida más dolorosa. Sabía que no podía hacer nada. De repente otro vuelco en el estómago.
Abrió los ojos y vió algo que en otra época le habría fascinado.
Ante el se extendía una pradera de hierba verde. Esto era concebible en su mundo. Lo que le sorprendió fué el cielo, por llamarlo de alguna manera. En su cabeza lo definió literalmente como "el planeta cielo". Era como una esfera tan inmensa y tan cercana de él que le dió la impresión de que podía caerse en cualquier momento. La situó a unos 5 km de su cabeza. Lo más curioso fué que tenía el color del cielo de noche, con estrellas por doquier. Si no fuera por la pequeña abertura en el horizonte diría que estaba bajo el cielo que antes veía desde su balcón.
Más tarde se enteraría que lo que el veía en el cielo era llamado Tel'adramen.
Un par de lucecitas se acercaron volando a su posición.Se movían muy rápido como para poder identificar que eran. De repente de detrás suyo surgió una sombra que se abalanzó sobre las luces, apagándolas. Se oía una especie de tos muy aguda surgir de esa maraña oscura. La sombra dejó de corretear y se paró, agitando lo que identificó como cabeza. Una pequeña pata mecánica salió volando hasta sus pies. Miraba al pequeño animal con miedo. Sus ojos empezaban a acostumbrase a la oscuridad, y comenzó a vislumbrar un pequeño perro, lo habría identificado como un Fox-Terrier si no hubiera visto como se movía y esa especie de hocico porcino que tenía. El bicho se le acercó meneando la peqeña cola.

martes, 24 de abril de 2007

3.- Corazon de metal

Volviendo a la oscuridad de la noche y al calor del fuego. El viejo no podía dejar de observarla, desde que la había recogido, la chica seguía en una estado de ausentismo total,los ojos negros fijos en la nada, cabeza gacha y boca ligeramente abierta. Comenzo a sopesar el zarandearla un poco para que recuperara algo de su ser, acto que descartó de immediato, pues no sabía como podía responder. Esperaría, desde el momento en que la encontro su viejo yo habia despertado del ataud, tenía todo un mundo delante suyo.
Con un ligero repiqueteo una estrella bajo del cielo, fue volando en circulos hasta pararse aun en el aire delante del viejo.
-- Llegas tarde Meredy. - dijó el, al tiempo que alzaba el rostro.
-- Pamplinas!!, me ordenas que ofusque las transmisiones durante dos horas y ahora me vienes con esas!. - pronunció una suave voz metálica procedente del hada mecánica que volaba mediante unas finisimas membranas metálicas. Acto seguido descendió para posarse en el suelo, colocar sus brazitos en la cintura y volver la cara hacia arriba, asemejandose a un niño ofendido.
-- Vamos no te ofendas, has prestado un servicio tan útil como siempre, te doy gracias. - contestó el viejo, mientras pensaba como sería posible que cupiera tanta arrogancia en aquellos finos cuerpos metálicos. -- Además tengo un favor, necesitó que le hagas un chequeo a nuestra acompañante.
Meredy giró, encarandose hacia donde el viejo señalo con la cabeza. Con un par de graciles saltos se posó sobre el hombro de la chica y miró su cara. Como si hubiera visto un fantasma, el hada tropezó y cayó al suelo, solo para levantarse y volar hasta ocultarse en un pliegue de la ropa del viejo.
-- Esaa.. chica...a esta maldita!!!.-- susurró Meredy, que sino fuera porque su rostro fuera una mascara de metal estaría mostrando una honda expresión de terror.
-- Ohh vamos pequeña, solo es una joven. Si te encargas de esto te dare otro de esos cascabeles que tanto te gustan. -- dijo el viejo en un tono calmado y apacible con tal de calmarla. El hada remolo un rato para despues mirar a la chica. Agito los pequeños cascabeles que llevaba atados a las muñecas con tal de darle buena suerte y despues voló hacia ella. Un fino haz de colores fue recorriendo el cuerpo de la chica, deteniendose en la cabeza y el pecho, a continuación el hada empezo a emtir un serie de leves pitidos para girarse hacia su amo.
-- No puedo analizarla, es como si fuera invisible a los escaneres y no lleva ningún tipo de disruptor, tengo miedo Janus...
-- Claro que lo es. -- los ojos del viejo Janus comenzaron a brillar de emoción, había encontrado una paradoja, solo quedaba como manejarla para su beneficio. -- Vamos pequeña, ven aquí. - se dirigió hacía la faérica. -- Aun quedan horas hasta el amanecer.
El hada se colo en uno de sus bolsillos del cual comenzo a brillar una tenue luz verde. Janus observó de nuevo a la joven y decidió que era hora de empezar. Se levantó del suelo y se dirigió hacía ella.

viernes, 20 de abril de 2007

2.- Némesis

Volvió a abrir los ojos. Como más temía seguía en el mismo lugar. Miró alrededor y seguía en aquella que el sabía que era su casa y a la vez no lo era. Miraba las paredes y no eran los cuadros que él había elegido. Los muebles no eran los que el había comprado. Y volvió a escuchar el sonido que más le aterraba en este mundo.
Como tantas veces había hecho antes recorrió todo el pasillo dejando a la derecha el comedor en dirección al baño. El sonido no cesaba, podía notar como el agua fluía por el desagüe.Ese sonido se había convertido en su cruz. Y cuando estaba a punto de llegar al baño , cómo tantas otras veces vió la mano que antaño estuvo cálida por la rendija que dejaba la puerta, y entonces todo se volvió negro,otra vez.
-¿Por qué me torturais?!-vociferó aquel hombre moreno entre sollozos.
Y por vez primera recibió respuesta:
-No te torturamos, .... , este es el infierno que tu mismo has creado ...-resonó desde todos lados.
-Nosotros te ofrecemos liberarte de él.- Se escuchó desde otra frecuencia.
Las lágrimas rodaban por su cara, la baba salía de sus mejillas, sus llantos habrían hecho estremecerse al mismísimo diablo. Era la desperación personificada.
-Que,*sob* *sob* ,que quereis...- salió de entre sus labios.
-Solo queremos que vuelvas a asesinar- Se oyó de una tercera voz.
-No soy un asesino!!- Chilló.
-Si de verdad puedes convencerte a ti mismo....- Dijo la segunda voz-Te ofrecemos librarte de los remordimientos para siempre-
-Si,...,nunca más-Se oyeron de otras voces.
-No puedo hacerlo...-dijo abatido.
Y desde el cielo cayó a sus pies una imagen que quedaría grabada en sus pardos ojos. Una joven cuyo tono de piel le hacía darse cuenta a primera vista que no era de su mundo pero aún así sabía que no podía escapar. La oferta de las voces era lo único que podía hacerle descansar en paz y no podía rechazarla. Iría a su mundo y la encontraría. Lo sabía. Y después la mataría. No había otra opción posible.

1.- Encuentro

El fuego de la fogata ardía perezosamente bajo el cielo de Tel'adramen. Alrededor de esta se encontraban sentadas dos figuras. Una se destacaba por la barba blanca y un sombrero donde destelleaba una estrella de ocho puntas de plata, la otra figura era la de una joven recubierta por una larga capa blanca que solo dejaba asomar parte de su rostro, cualquiera hubiera pensado que se trataba de una mujer normal, sino hubiera sido por la tonalidad de su piel, la cual se correspondía con una especie negro metálico.

Estas dos personas se habían conocido horas antes, el hombre rastreaba el bosque en busca de una banda de fetiches que había estado atacando durante la última festividad de la luna roja. La banda no parecía tener mas de seis miembros, lo cual no suponía un gran reto para el y le permitiría ir (al menos lo que quedaban de fiestas) deambulando por tabernas de mala muerte. Todo parecía ir sobre ruedas, cuando entró como un susurro en aquella caverna que la banda usaba como escondrijo, fue entonces cuando vio los cuerpos despedazados de los fetiches esparcidos por el suelo. No presentaban heridaѕ de armas blancas o magilita, más bien era como si hubieran sido golpeados por grandes armas contudentes. Aquello había sido tiempo perdido, tendría que volver al degradante pero lucrativo trabajo de pedir limosna en el portal de los templos.

Un grito tan agudo con el chirriar de una daga contra la piedra seguido, por algo parecido a una pequeña onda expansiva le hizo llevarse las manos a los oidos. Cuando pudo recuperarse y la curiosidad venció al sentido común se internó sigilosamente más adentro en la gruta. Conforme iba avanzando fue percibiendo con más claridad risas, sollozos y sobretodo un fuerte olor a sexo. Giró el último tramo y se agazapo entre las sombras. Tres hombres vestidos con armaduras potenciadas con magilita parecían estar demasiado ocupados mientras violaban, a lo que por los sollozos parecía ser una chica joven. La sombra arrodillada extrajo el pequeño pacificador que aun guardaba de su epoca en la guarda real, el delgado tubo plateado empezo a vibrar con el contacto con el aire, lo arrojo dentro de la gruta y este empezo a emitir un agudísimo pitido que reverbero en toda la sala, aquellos pobres desgraciados no tuvieron tiempo ni de quitarse el casco antes de que los timpanos les hubieran estallado y espesas lineas de sangre brotaran de sus fosas nasales, cayendo pesadamente al suelo. Antes de que pudieran levantarse, la sombra ya se había puesto de pie y había dado buena cuenta de sus gaznates.

Entonces vio mejor a la chica, no pudo evitar dejar que una sonrisa le cruzara el rostro. Horas más tarde a la luz de la hoguera, aun se preguntaba como influiría que un antiguo traidor de la guardia real hubiera encontrado una sacerdotisa maldita de la orden del fuego eterno.

Que los dioses temblaran, pues aquello escapaba de todos sus planes.