Volviendo a la oscuridad de la noche y al calor del fuego. El viejo no podía dejar de observarla, desde que la había recogido, la chica seguía en una estado de ausentismo total,los ojos negros fijos en la nada, cabeza gacha y boca ligeramente abierta. Comenzo a sopesar el zarandearla un poco para que recuperara algo de su ser, acto que descartó de immediato, pues no sabía como podía responder. Esperaría, desde el momento en que la encontro su viejo yo habia despertado del ataud, tenía todo un mundo delante suyo.
Con un ligero repiqueteo una estrella bajo del cielo, fue volando en circulos hasta pararse aun en el aire delante del viejo.
-- Llegas tarde Meredy. - dijó el, al tiempo que alzaba el rostro.
-- Pamplinas!!, me ordenas que ofusque las transmisiones durante dos horas y ahora me vienes con esas!. - pronunció una suave voz metálica procedente del hada mecánica que volaba mediante unas finisimas membranas metálicas. Acto seguido descendió para posarse en el suelo, colocar sus brazitos en la cintura y volver la cara hacia arriba, asemejandose a un niño ofendido.
-- Vamos no te ofendas, has prestado un servicio tan útil como siempre, te doy gracias. - contestó el viejo, mientras pensaba como sería posible que cupiera tanta arrogancia en aquellos finos cuerpos metálicos. -- Además tengo un favor, necesitó que le hagas un chequeo a nuestra acompañante.
Meredy giró, encarandose hacia donde el viejo señalo con la cabeza. Con un par de graciles saltos se posó sobre el hombro de la chica y miró su cara. Como si hubiera visto un fantasma, el hada tropezó y cayó al suelo, solo para levantarse y volar hasta ocultarse en un pliegue de la ropa del viejo.
-- Esaa.. chica...a esta maldita!!!.-- susurró Meredy, que sino fuera porque su rostro fuera una mascara de metal estaría mostrando una honda expresión de terror.
-- Ohh vamos pequeña, solo es una joven. Si te encargas de esto te dare otro de esos cascabeles que tanto te gustan. -- dijo el viejo en un tono calmado y apacible con tal de calmarla. El hada remolo un rato para despues mirar a la chica. Agito los pequeños cascabeles que llevaba atados a las muñecas con tal de darle buena suerte y despues voló hacia ella. Un fino haz de colores fue recorriendo el cuerpo de la chica, deteniendose en la cabeza y el pecho, a continuación el hada empezo a emtir un serie de leves pitidos para girarse hacia su amo.
-- No puedo analizarla, es como si fuera invisible a los escaneres y no lleva ningún tipo de disruptor, tengo miedo Janus...
-- Claro que lo es. -- los ojos del viejo Janus comenzaron a brillar de emoción, había encontrado una paradoja, solo quedaba como manejarla para su beneficio. -- Vamos pequeña, ven aquí. - se dirigió hacía la faérica. -- Aun quedan horas hasta el amanecer.
El hada se colo en uno de sus bolsillos del cual comenzo a brillar una tenue luz verde. Janus observó de nuevo a la joven y decidió que era hora de empezar. Se levantó del suelo y se dirigió hacía ella.
Con un ligero repiqueteo una estrella bajo del cielo, fue volando en circulos hasta pararse aun en el aire delante del viejo.
-- Llegas tarde Meredy. - dijó el, al tiempo que alzaba el rostro.
-- Pamplinas!!, me ordenas que ofusque las transmisiones durante dos horas y ahora me vienes con esas!. - pronunció una suave voz metálica procedente del hada mecánica que volaba mediante unas finisimas membranas metálicas. Acto seguido descendió para posarse en el suelo, colocar sus brazitos en la cintura y volver la cara hacia arriba, asemejandose a un niño ofendido.
-- Vamos no te ofendas, has prestado un servicio tan útil como siempre, te doy gracias. - contestó el viejo, mientras pensaba como sería posible que cupiera tanta arrogancia en aquellos finos cuerpos metálicos. -- Además tengo un favor, necesitó que le hagas un chequeo a nuestra acompañante.
Meredy giró, encarandose hacia donde el viejo señalo con la cabeza. Con un par de graciles saltos se posó sobre el hombro de la chica y miró su cara. Como si hubiera visto un fantasma, el hada tropezó y cayó al suelo, solo para levantarse y volar hasta ocultarse en un pliegue de la ropa del viejo.
-- Esaa.. chica...a esta maldita!!!.-- susurró Meredy, que sino fuera porque su rostro fuera una mascara de metal estaría mostrando una honda expresión de terror.
-- Ohh vamos pequeña, solo es una joven. Si te encargas de esto te dare otro de esos cascabeles que tanto te gustan. -- dijo el viejo en un tono calmado y apacible con tal de calmarla. El hada remolo un rato para despues mirar a la chica. Agito los pequeños cascabeles que llevaba atados a las muñecas con tal de darle buena suerte y despues voló hacia ella. Un fino haz de colores fue recorriendo el cuerpo de la chica, deteniendose en la cabeza y el pecho, a continuación el hada empezo a emtir un serie de leves pitidos para girarse hacia su amo.
-- No puedo analizarla, es como si fuera invisible a los escaneres y no lleva ningún tipo de disruptor, tengo miedo Janus...
-- Claro que lo es. -- los ojos del viejo Janus comenzaron a brillar de emoción, había encontrado una paradoja, solo quedaba como manejarla para su beneficio. -- Vamos pequeña, ven aquí. - se dirigió hacía la faérica. -- Aun quedan horas hasta el amanecer.
El hada se colo en uno de sus bolsillos del cual comenzo a brillar una tenue luz verde. Janus observó de nuevo a la joven y decidió que era hora de empezar. Se levantó del suelo y se dirigió hacía ella.
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