Cuando el sol se alzaba en su punto más alto anunciando el mediodía Janus y Rhydia llegarón al pueblo "Arco cerrado", llamado así por la extraña aunque bella forma en la que se disponían los arcos, a lo largo de las calles. La joven seguía durmiendo a las espaldas del viejo de manera pesada y este último pensó que el cansancio que había acumulado aquella joven, superaba de lejos el maltrato que había sufrido, y el que sin duda aun le faltaba por experimentar.
-- Meredy, despierta, te necesito ahora. -- El hada mecánica emitió un par de pitidos y salió volando del bolsillo, para posarse a un palmo de la cara de su dueño.
-- Buenos dias mi señor!! -- contestó llena de vitalidad, cosa que siempre había sorprendido a Janus, ya que eran pocas las personas que compartían aquella fuerza matutina, rasgo que habían heredado aquellos inventos del hombre.
-- Necesito que distraigas la atención de la gente con la que nos crucemos, hasta llegar a la taberna de tia Lucia.
Meredy se elevó un par de metros sobre sus cabezas y se mantuvó encima de ellos mientras caminaban hacia su destino. Aunque hacerse invisible era algo imposible para gente del rango inferior, la magia de las hadas metálicas provoca que la gente se despite con facilidad o mire hacia otro lado despreocupadamente, ignorando aquello que pasa frente a sus narices. Así que los viajeros llegaron a la posada sin despertar ninguna sospecha, dirigiendose a la puerta de atras de esta.
Dos fuertes golpes resonarón contra la puerta. La vieja Lucia, o tia Lucia como era conocida en el pueblo por su gran simpatía, dirigia en el centro social y cultural, por decirlo de alguna manera, de aquel pueblo periférico. En aquellos momentos se encontraba distribuyendo las bebidas en las distintas estanterias de su almacén, que más tarde acabarían recorriendo los cuerpos de sus clientes. Se giró sobre si misma y se dirigió hacia la puerta.
-- El pedido debería haber llegado hace horas, así que si piensas que te voy a dar propi... -- dejó la frase sin acabar cuando vió la estrella plateada, por un momento el miedo empezó a apoderarse de ella se dió cuenta de que era un viejo amigo.
-- Demonios Janus algún dia acabaras conmigo de un susto, ¿qué es lo que ocurre?. -- pregunta ya algo más relajada.
-- Necesito tu ayuda. -- constestó el, acentuando su gesto moviendo la cabeza, para señalar lo que dormía encima suyo.
-- Oh dios no me digas que ahora, secuestras a tus amantaes... -- su cara cambió de expresión subitamente. -- esta chica ... como es que tiene la piel tan....
-- Te lo explicare todo ahora mismo --mintió el viejo -- pero dejame pasar antes. -- La posadera se apartó y dejó pasar al viejo. -- Vigila los alrededores pequeñina. -- fue lo último que dijó antes de desaparecer dentro de la casa, separandose de su compañera metálica.
--Me estas diciendo que esta chica fue atacada por un mago, que esta así por eso, y que vas a llevarla al santuario más cercano para curarla.... Mira Janus nos conocemos de hace tiempo, me has hecho un par de favores con el negocio, pero no quiero tener nada que ver con magos. -- en esto último la gente de Tel'adramen tenía en común. -- Siento decirlo, pero esto supera nuestra amistad.
-- Lo se .-- el viejo advirtió la preocupación de Lucia. -- Necesito provisiones, algo de ropa y te juro que jamás me volveras a ver.
-- Muy bien lo tendras, pero sal cuanto antes de aquí.
Fue abriendo los ojos poco a poco no pudiendo evitar derramar una lagrima cuando sus ojos encontrarón la luz que entraba por la ventana, poco a poco fue acostumbrandose a la luz aunque noto que no conseguía habituarse del todo. Vio al hombre mayor que la había salvado la noche empacando algo en un bolsa de viaje, parecía hacerlo apresuradamente como si la vida le fuera en ello.
--- Oh veo que estas despierta .-- le dijo sin llegar a girarse, cosa que sorprendio a la muchacha pues no había emitido ningun ruido, salvo el suave deslizar de las sabanas .-- Una amiga me ha dejado algo de ropa. -- dijo señalando un vestido oscuro que había en una silla, -- También hay unos guantes y una capucha,
La joven miró sus manos, en un tiempo habían sido blancas como el papel, tenían ahora un tono sombreado metálico, una imagen horrible de lo que habían sido pensó, sintiendo que le subía un nudo por la garganta. Que iba hacer ahora, como había llegado aquella situación. Mientras Rhydia se perdía en aquellas divagaciones se dió cuenta de que el hombre que se le habia presentado como Janus estaba apoyado contra la puerta con la mano en la sien y semblante de dolor. Momentos despues este se recuperó y la miró preocupado.
-- Date prisa, tenemos que salir de aquí cuanto antes.
Momentos despues se encontraban a la salida de la taberna, donde una estrella bajó para unirse a ellos:
-- ¡¡Janus!!, ha habido varias emisiones de la guardia real hacía esta zonas, y eso no es lo peor ha aparecido un campo de sincornización en este lugar hace un momento. -- la pequeña Meredy demostraba su nerviosismo revoleteando frenéticamente de un lado a otro, resonando su cascabeles.
-- Lo se lo he notado. -- le contestó el viejo, mientras pensaba que aquello demostraba que la guardia no sería su único problema, parecía que alguien más estaba interesado en aquella chica. -- Gracias Luisa. -- se drigió hacia su benefactora que les observaba desde la puerta. -- Si te preguntan sobre mi paradero, agradecería que no dijeras nada. -- Aunque para sus adentros sabía que no sería así y por ello le había dado información falsa, cosa que seguramente si llevaría algun problema a su amiga. La vida bajo los dos cielos era cruel.
Dos figuras encapuchadas atravesaban la ciudad rapidamente, la más baja de ellas cuya cara quedaba oculta por la sombras, se paró un momento.
--¿ No me abandonaras, verdad ? - preguntó con voz entrecortada.
-- No lo podría hacer aunque quisiera, creemé. -- dijó Janus y pensó que era la única verdad que había pronunciado en mucho tiempo. -- Parece que alguien nos ve. -- añadió despues preocupado.
Rhydia se giró y observo que un hombre con un turbante, vestido con un extraño autuendo les observaba al otro lado de la calle, en su cara se mezclaban locura y dolor, hecho que acentuaba el ser que le acompañaba, un monton de jirones de pelo del cual asomaban unos dientes afilados.
-- Meredy, despierta, te necesito ahora. -- El hada mecánica emitió un par de pitidos y salió volando del bolsillo, para posarse a un palmo de la cara de su dueño.
-- Buenos dias mi señor!! -- contestó llena de vitalidad, cosa que siempre había sorprendido a Janus, ya que eran pocas las personas que compartían aquella fuerza matutina, rasgo que habían heredado aquellos inventos del hombre.
-- Necesito que distraigas la atención de la gente con la que nos crucemos, hasta llegar a la taberna de tia Lucia.
Meredy se elevó un par de metros sobre sus cabezas y se mantuvó encima de ellos mientras caminaban hacia su destino. Aunque hacerse invisible era algo imposible para gente del rango inferior, la magia de las hadas metálicas provoca que la gente se despite con facilidad o mire hacia otro lado despreocupadamente, ignorando aquello que pasa frente a sus narices. Así que los viajeros llegaron a la posada sin despertar ninguna sospecha, dirigiendose a la puerta de atras de esta.
Dos fuertes golpes resonarón contra la puerta. La vieja Lucia, o tia Lucia como era conocida en el pueblo por su gran simpatía, dirigia en el centro social y cultural, por decirlo de alguna manera, de aquel pueblo periférico. En aquellos momentos se encontraba distribuyendo las bebidas en las distintas estanterias de su almacén, que más tarde acabarían recorriendo los cuerpos de sus clientes. Se giró sobre si misma y se dirigió hacia la puerta.
-- El pedido debería haber llegado hace horas, así que si piensas que te voy a dar propi... -- dejó la frase sin acabar cuando vió la estrella plateada, por un momento el miedo empezó a apoderarse de ella se dió cuenta de que era un viejo amigo.
-- Demonios Janus algún dia acabaras conmigo de un susto, ¿qué es lo que ocurre?. -- pregunta ya algo más relajada.
-- Necesito tu ayuda. -- constestó el, acentuando su gesto moviendo la cabeza, para señalar lo que dormía encima suyo.
-- Oh dios no me digas que ahora, secuestras a tus amantaes... -- su cara cambió de expresión subitamente. -- esta chica ... como es que tiene la piel tan....
-- Te lo explicare todo ahora mismo --mintió el viejo -- pero dejame pasar antes. -- La posadera se apartó y dejó pasar al viejo. -- Vigila los alrededores pequeñina. -- fue lo último que dijó antes de desaparecer dentro de la casa, separandose de su compañera metálica.
--Me estas diciendo que esta chica fue atacada por un mago, que esta así por eso, y que vas a llevarla al santuario más cercano para curarla.... Mira Janus nos conocemos de hace tiempo, me has hecho un par de favores con el negocio, pero no quiero tener nada que ver con magos. -- en esto último la gente de Tel'adramen tenía en común. -- Siento decirlo, pero esto supera nuestra amistad.
-- Lo se .-- el viejo advirtió la preocupación de Lucia. -- Necesito provisiones, algo de ropa y te juro que jamás me volveras a ver.
-- Muy bien lo tendras, pero sal cuanto antes de aquí.
Fue abriendo los ojos poco a poco no pudiendo evitar derramar una lagrima cuando sus ojos encontrarón la luz que entraba por la ventana, poco a poco fue acostumbrandose a la luz aunque noto que no conseguía habituarse del todo. Vio al hombre mayor que la había salvado la noche empacando algo en un bolsa de viaje, parecía hacerlo apresuradamente como si la vida le fuera en ello.
--- Oh veo que estas despierta .-- le dijo sin llegar a girarse, cosa que sorprendio a la muchacha pues no había emitido ningun ruido, salvo el suave deslizar de las sabanas .-- Una amiga me ha dejado algo de ropa. -- dijo señalando un vestido oscuro que había en una silla, -- También hay unos guantes y una capucha,
La joven miró sus manos, en un tiempo habían sido blancas como el papel, tenían ahora un tono sombreado metálico, una imagen horrible de lo que habían sido pensó, sintiendo que le subía un nudo por la garganta. Que iba hacer ahora, como había llegado aquella situación. Mientras Rhydia se perdía en aquellas divagaciones se dió cuenta de que el hombre que se le habia presentado como Janus estaba apoyado contra la puerta con la mano en la sien y semblante de dolor. Momentos despues este se recuperó y la miró preocupado.
-- Date prisa, tenemos que salir de aquí cuanto antes.
Momentos despues se encontraban a la salida de la taberna, donde una estrella bajó para unirse a ellos:
-- ¡¡Janus!!, ha habido varias emisiones de la guardia real hacía esta zonas, y eso no es lo peor ha aparecido un campo de sincornización en este lugar hace un momento. -- la pequeña Meredy demostraba su nerviosismo revoleteando frenéticamente de un lado a otro, resonando su cascabeles.
-- Lo se lo he notado. -- le contestó el viejo, mientras pensaba que aquello demostraba que la guardia no sería su único problema, parecía que alguien más estaba interesado en aquella chica. -- Gracias Luisa. -- se drigió hacia su benefactora que les observaba desde la puerta. -- Si te preguntan sobre mi paradero, agradecería que no dijeras nada. -- Aunque para sus adentros sabía que no sería así y por ello le había dado información falsa, cosa que seguramente si llevaría algun problema a su amiga. La vida bajo los dos cielos era cruel.
Dos figuras encapuchadas atravesaban la ciudad rapidamente, la más baja de ellas cuya cara quedaba oculta por la sombras, se paró un momento.
--¿ No me abandonaras, verdad ? - preguntó con voz entrecortada.
-- No lo podría hacer aunque quisiera, creemé. -- dijó Janus y pensó que era la única verdad que había pronunciado en mucho tiempo. -- Parece que alguien nos ve. -- añadió despues preocupado.
Rhydia se giró y observo que un hombre con un turbante, vestido con un extraño autuendo les observaba al otro lado de la calle, en su cara se mezclaban locura y dolor, hecho que acentuaba el ser que le acompañaba, un monton de jirones de pelo del cual asomaban unos dientes afilados.