El fuego de la fogata ardía perezosamente bajo el cielo de Tel'adramen. Alrededor de esta se encontraban sentadas dos figuras. Una se destacaba por la barba blanca y un sombrero donde destelleaba una estrella de ocho puntas de plata, la otra figura era la de una joven recubierta por una larga capa blanca que solo dejaba asomar parte de su rostro, cualquiera hubiera pensado que se trataba de una mujer normal, sino hubiera sido por la tonalidad de su piel, la cual se correspondía con una especie negro metálico.
Estas dos personas se habían conocido horas antes, el hombre rastreaba el bosque en busca de una banda de fetiches que había estado atacando durante la última festividad de la luna roja. La banda no parecía tener mas de seis miembros, lo cual no suponía un gran reto para el y le permitiría ir (al menos lo que quedaban de fiestas) deambulando por tabernas de mala muerte. Todo parecía ir sobre ruedas, cuando entró como un susurro en aquella caverna que la banda usaba como escondrijo, fue entonces cuando vio los cuerpos despedazados de los fetiches esparcidos por el suelo. No presentaban heridaѕ de armas blancas o magilita, más bien era como si hubieran sido golpeados por grandes armas contudentes. Aquello había sido tiempo perdido, tendría que volver al degradante pero lucrativo trabajo de pedir limosna en el portal de los templos.
Un grito tan agudo con el chirriar de una daga contra la piedra seguido, por algo parecido a una pequeña onda expansiva le hizo llevarse las manos a los oidos. Cuando pudo recuperarse y la curiosidad venció al sentido común se internó sigilosamente más adentro en la gruta. Conforme iba avanzando fue percibiendo con más claridad risas, sollozos y sobretodo un fuerte olor a sexo. Giró el último tramo y se agazapo entre las sombras. Tres hombres vestidos con armaduras potenciadas con magilita parecían estar demasiado ocupados mientras violaban, a lo que por los sollozos parecía ser una chica joven. La sombra arrodillada extrajo el pequeño pacificador que aun guardaba de su epoca en la guarda real, el delgado tubo plateado empezo a vibrar con el contacto con el aire, lo arrojo dentro de la gruta y este empezo a emitir un agudísimo pitido que reverbero en toda la sala, aquellos pobres desgraciados no tuvieron tiempo ni de quitarse el casco antes de que los timpanos les hubieran estallado y espesas lineas de sangre brotaran de sus fosas nasales, cayendo pesadamente al suelo. Antes de que pudieran levantarse, la sombra ya se había puesto de pie y había dado buena cuenta de sus gaznates.
Entonces vio mejor a la chica, no pudo evitar dejar que una sonrisa le cruzara el rostro. Horas más tarde a la luz de la hoguera, aun se preguntaba como influiría que un antiguo traidor de la guardia real hubiera encontrado una sacerdotisa maldita de la orden del fuego eterno.
Que los dioses temblaran, pues aquello escapaba de todos sus planes.
Estas dos personas se habían conocido horas antes, el hombre rastreaba el bosque en busca de una banda de fetiches que había estado atacando durante la última festividad de la luna roja. La banda no parecía tener mas de seis miembros, lo cual no suponía un gran reto para el y le permitiría ir (al menos lo que quedaban de fiestas) deambulando por tabernas de mala muerte. Todo parecía ir sobre ruedas, cuando entró como un susurro en aquella caverna que la banda usaba como escondrijo, fue entonces cuando vio los cuerpos despedazados de los fetiches esparcidos por el suelo. No presentaban heridaѕ de armas blancas o magilita, más bien era como si hubieran sido golpeados por grandes armas contudentes. Aquello había sido tiempo perdido, tendría que volver al degradante pero lucrativo trabajo de pedir limosna en el portal de los templos.
Un grito tan agudo con el chirriar de una daga contra la piedra seguido, por algo parecido a una pequeña onda expansiva le hizo llevarse las manos a los oidos. Cuando pudo recuperarse y la curiosidad venció al sentido común se internó sigilosamente más adentro en la gruta. Conforme iba avanzando fue percibiendo con más claridad risas, sollozos y sobretodo un fuerte olor a sexo. Giró el último tramo y se agazapo entre las sombras. Tres hombres vestidos con armaduras potenciadas con magilita parecían estar demasiado ocupados mientras violaban, a lo que por los sollozos parecía ser una chica joven. La sombra arrodillada extrajo el pequeño pacificador que aun guardaba de su epoca en la guarda real, el delgado tubo plateado empezo a vibrar con el contacto con el aire, lo arrojo dentro de la gruta y este empezo a emitir un agudísimo pitido que reverbero en toda la sala, aquellos pobres desgraciados no tuvieron tiempo ni de quitarse el casco antes de que los timpanos les hubieran estallado y espesas lineas de sangre brotaran de sus fosas nasales, cayendo pesadamente al suelo. Antes de que pudieran levantarse, la sombra ya se había puesto de pie y había dado buena cuenta de sus gaznates.
Entonces vio mejor a la chica, no pudo evitar dejar que una sonrisa le cruzara el rostro. Horas más tarde a la luz de la hoguera, aun se preguntaba como influiría que un antiguo traidor de la guardia real hubiera encontrado una sacerdotisa maldita de la orden del fuego eterno.
Que los dioses temblaran, pues aquello escapaba de todos sus planes.
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